jueves, 18 de mayo de 2017

Ya no quiero estar triste.
Ya me niego
a esta certidumbre de pantano
siempre en los ojos siempre
este cenagal en la mirada
que no es llanto. No.
Es barro
que se mete en las pestañas
y se hunde sin remedio,
hasta el mismo lugar del corazón.
Yo no quiero estar triste.

Quiero sentarme al lado de mi verso.
Abrir la mano.
Liberar pájaros.

MARIANA FINOCHIETTO.

martes, 26 de julio de 2016



COMO BUENA MUJER

Como buena mujer
ordené 
con minucioso fervor
las alacenas;
guardé la ropa 
bien planchada
en los cajones;
tendí la ropa
a secar al sol.

Di vueltas
por la casa.
Sacudí el polvo
de mis libros,
alimenté a los perros,
encendí unas velas
de dudoso aroma
a limón.

Cerré las ventanas
cuando
cayó la tarde.
Miré,
con pudor,
la impecable
geometría de las sábanas.

Pensé en morir.
En mirar televisión.
En embriagarme
de vino, de poesía o de virtud.
Salí a la noche.
Y por una vez,
me dejé ser
una mala mujer.


MARIANA FINOCHIETTO.






Alguna vez
voy a perderle el miedo
a las palabras.
A las palabras de verdad,
ésas que raspan
la garganta 
como los vinos malos.
Alguna vez, 
me haré mujer 
al borde de un poema.

Voy a escribir versos, 
hasta entonces.
Toneladas de versos, 
infinitos montones de versos
como estrellas en una noche oscura.

MARIANA FINOCHIETTO.



jueves, 5 de mayo de 2016

MICROVERSOS.
Talleres de exploración literaria.

Comienza mi taller virtual de poesía. Definamos mejor: un espacio de interacción donde la poesía sea nuestra casa
Si te interesa sumarte, escríbime por mail a mares.finochietto@gmail.com y te será enviada toda la información pertinente.



¿Cómo pudo
mi pequeño ser,
mi diminuto pedacito
de humanidad
pretender el cielo?

Ansié y caí,
entre las alas rotas
de todas las infames.

Todo el amor
del mundo
me duele en el cuerpo.

MARIANA FINOCHIETTO.

jueves, 31 de marzo de 2016

Y si me voy,
te lo dejo todo.

La loza limpia y seca,
la ropa
ordenada en los cajones,
los sueños
que escondimos
debajo de la alfombra.

Podés
quedarte con el perro,
con las sillas,
con los años
encerrados
en frascos
en las alacenas.

Me llevo
-¿para qué las querrías?-
las ganas de vivir
y una valija
llena de promesas.

MARIANA FINOCHIETTO.



viernes, 11 de marzo de 2016

Bienaventurados 
aquellos
que se atreven 
a la alegría.

Ésos 
con el coraje
de andar
al borde 
del abismo
alumbrados
por una aterradora lucidez.

Ser feliz 
no el don.

La tristeza 
es el último escondite del alma.

MARIANA FINOCHIETTO.
Fotografía de Gilbert Garcin.


Cantamos.
De pie cantamos
las que callamos de rodillas.
Cantamos
desde los fondos de las cocinas,
desde las vidas anheladas,
desde los espejos
de nuestra imperfección.

Cantamos
desde las oficinas,
marcadas en las calles,
señaladas
por el dedo
de dios.

Cantamos
junto a los hijos
que criaremos,
junto a los hombres
que amaremos,
desde el mandato
que es la ley
y no.

Cantamos
por las que no cantan todavía.
Por esas
a las que se les negó la voz.

MARIANA FINOCHIETTO.


martes, 16 de febrero de 2016

Pobre de aquel
que niega la certeza
del abismo,
del que no teme 
otra cosa
que al llegar la mañana
lo encuentre despierto.

Pobre de aquel
que no ha visto en los espejos
las máscaras 
de sus monstruos 
habitar
piel adentro.

Pobre de aquel
que no ha caminado 
en
sus infiernos.

MARIANA FINOCHIETTO.


Pido un amor
de esos
frágiles y puros
que tuvieron los otros,
los desafortunados.

Pido un amor
que se quiebre
en un roce,
que deba sostenerse
en el aire
con redes de viento.

Un amor
que me destroce
de amor
los sueños secos.

MARIANA FINOCHIETTO.



viernes, 6 de febrero de 2015

Cuadernos de la breve ceguera.

Comienzan los viajes de Cuadernos de la breve ceguera. Si te interesa recibirlo, escribime a mares.finochietto@gmail.com. y acordamos el envío.





martes, 5 de agosto de 2014




Tal vez 
porque el día 
fue largo,
y me duelen
las manos 
de caricias gastadas.

Tal vez
porque me canso
de palabras
y mapas
que conducen
a la Tierra de nada.

Tal vez
porque ya es hora
de cantarme bajito
y dejar la soledad
para mañana.

MARIANA FINOCHIETTO


domingo, 3 de agosto de 2014



A orillas
de las tierras silenciosas,
allá, 
donde no se atreven los pájaros,
he abandonado el corazón.

Los lobos
de mis pesadillas
lo han cuidado
del dolor que no duerme.

Ya no es mío.
Ya no me pertenece
Es apenas otra fiera solitaria,
vagando por la tierra,
desamparada,
pero viva.

MARIANA FINOCHIETTO.





No era mi destino
nombrar
con la cadencia 
de las mujeres
de mi sangre.

No estaba en mis estrellas
enlazarme
a mi estricto linaje
de silencios.

O no quiero.
O no puedo.

Por azar
o rebeldía
ésta es mi vida.

¿Cómo se puede callar
la voz
que roe las entrañas
buscando luz?

MARIANA FINOCHIETTO.




Llegás
como la lluvia
algunas tardes,
con un rumor
suavecito
de agua clara,
y dan ganas
de bailar
descalza y niña
sobre la hierba
fresca y verdecida.

Llegás.
Y yo te espero
detrás
de mi última inocencia.

MARIANA FINOCHIETTO.





Sentada
en un banco de la plaza
abandono el libro,
atrapada
por la mujer que corre
-¿detrás de qué certezas?-
incansable
sobre la vereda.

Corre
abstraída
del tráfico y la gente,
del horizonte
de edificios que la cercan.
Corre
como si escapara
del paraíso circular
de quince árboles exactos
y una parodia de cielo
sostenida por cables.
Corre
como si aún la sostuvieran esperanzas.

Yo
sentada en un banco de la plaza
vuelvo
mi corazón al libro.

MARIANA FINOCHIETTO.



jueves, 31 de julio de 2014



Cuando el agua llega,
cuando el agua arrasa,
se lleva
los muebles,
los brotes,
las ganas.

Cuando el agua crece
cuando se desmadra,
y pierde los cauces
vence, derrotada.
Mártir y verdugo
de ser sólo agua.

Cuando el agua cede,
cuando el agua pasa
y vuelven los pájaros
a buscar la rama,
del árbol y el nido
ya no queda nada.

MARIANA FINOCHIETTO.




El tiempo,
ese amante voraz,
desgarra
con crueldad exquisita
la sencilla fragilidad
de los momentos.

La risa de los hijos,
los gestos
que el amor abandona en los objetos,
jirones de uno
ése
que fuimos
y al que ya no tenemos regreso.

Pero un día,
una tarde cualquiera de milagros
nos refleja,
de pronto,
en los espejos.

MARIANA FINOCHIETTO.








Cuando cierro
las ventanas
y resumo
el universo 
a estas paredes,
mis hijas
trenzan y destrenzan
la madeja del día.

Herederas
del caos,
sutiles hechiceras,
con sus voces de pájaro
ordenan a la sombra
y la dispersan.

MARIANA FINOCHIETTO.